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Suelo
El término suelo proviene del
latín "solum" con que se denominaba
a la superficie sólida de la Tierra.
El suelo es la capa más externa de la superficie
de la corteza terrestre, en general de un espesor no
mayor a 50 o 60 cm. que se origina a causa de la acción
de agentes climáticos y biológicos sobre
la roca madre. Es una combinación más
o menos suelta de fragmentos minerales provenientes
de la meteorización de las rocas y/o el depósito
de sedimentos, materia orgánica, agua y gases,
que tiene la particularidad de ser sustento y soporte
de todos los seres vivos permitiendo el crecimiento
de vegetales, el desarrollo de las actividades productivas
del hombre (agricultura, ganadería, minería,
silvicultura, entre otras) y constituye el sustrato
sobre los que se asienta una población.
Aunque las proporciones de los principales
constituyentes del suelo varían, siempre cuentan
con cuatro componentes. El primero, es el material orgánico,
compuesto por raíces, organismos y microorganismos,
restos de plantas y de otros organismos (humus). La
parte inorgánica, la representan rocas desintegradas
y descompuestas (porción mineral), como la arena,
el limo y la arcilla. La parte liquida la componen distintas
soluciones, mientras que los gases atmosféricos
y los producidos por la actividad química y biológica
conforman la porción gaseosa.
Las propiedades que se tienen en cuenta
para la clasificación de los suelos son:
- El color: es un primer indicador
de la composición del suelo; por ejemplo, si
es de un tono oscuro indica la presencia de materia
orgánica y si en cambio es rojizo evidencia
restos de hierro.
- La textura: está determinada
por la granulometría, es decir, el tamaño
y la proporción de las partículas que
lo componen. La clasificación más común
de las partículas según su tamaño
las divide en grava, arena, limo y arcilla.
- La consistencia hace referencia
a su plasticidad, como así también a
su grado de dureza.
- La estructura expresa la capacidad
que posee un suelo para formar agregados. Esta va
a depender de la forma, tamaño y resistencia
de la porción de tierra y determina la capacidad
de penetración del agua, vulnerabilidad a la
erosión y facilidad de ser trabajado.
El perfil típico de un suelo
de clima húmedo nos muestra varios horizontes
o cortes:
El horizonte O, el más superficial,
presenta materia orgánica, parcialmente descompuesta
y suelta.
El horizonte A, contiene materia mineral
mezclada con humus.
El horizonte E, posee partículas
minerales de colores claros, siendo zona de lixiviación.
El horizonte B, acumula arcilla que
proviene de las capas más superficiales.
El horizonte C, es la roca madre parcialmente
alterada.
Para finalizar con la roca madre no degradada.
Agentes erosivos, tales como el agua
y el viento actúan sobre el suelo a través
de los siguientes mecanismos y paulatinamente van modificando
el entorno.
- La remoción del material superficial del
suelo, por medio del impacto de las gotas de lluvia,
la meteorización, las actividades humanas o
la acción de flujos de agua o aire.
- El transporte de los sedimentos removidos por acción
del viento, agua o del hielo.
- La acumulación por decantación que
ocurre cuando la energía de los flujos de agua
y aire ya no son lo suficientemente potentes para
transportar las partículas.
Últimamente la erosión
natural se está acelerando, debido a las actividades
humanas, causando efectos nocivos sobre el suelo (pérdida
de suelos productivos). Las actividades más representativas
de este problema son:
- La ganadería,
cuando es realizada de forma incorrecta y en lugares
inapropiados, por ejemplo regiones áridas y semiáridas
(el 80% de la ganadería mundial) puede provocar
serios inconvenientes. Las características de
estos lugares hace que la agricultura no sea rentable,
entonces la ganadería es el único uso
económicamente viable para estas áreas.
Las consecuencias más notorias de esta actividad,
sobre todo cuando la carga animal es mayor que la debida
(sobrepastoreo), son:
- la compactación del terreno por pisoteo
continuo y
- el deterioro de la cobertura vegetal.
La compactación del suelo provoca que éste
disminuya su capacidad de infiltración, provocando
mayor escorrentía superficial. Si añadimos
a esto la perdida progresiva de la vegetación
obtendremos grande tasas de erosión.
- La agricultura es
una de las actividades que más influyen en el
incremento de las tasas de erosión de suelos.
Numerosas son las causas asociadas a este problema,
entre las más importantes se cuentan: la remoción
de la cobertura vegetal durante un cierto periodo del
año (siembra-postcosecha). También el
uso de técnicas inadecuadas de arado que favorecen
la escorrentía superficial (surcos a favor de
la pendiente). Y la utilización de técnicas
abusivas del suelo que no permiten su normal recuperación.
Ejemplo de esto lo constituye la modificación
del sistema anual agricultura-ganadería, por
el de dos cosechas anuales, o acortándose los
periodos de descanso del terreno en la agricultura rotativa.
Los principales efectos que genera la erosión
en suelos sometidos a la agricultura se evidencian con
la eliminación de la cobertura superficial, que
es la porción más productiva. Aparte la
erosión elimina el material de menor tamaño
asociado a nutrientes como el fósforo y nitrógeno,
como así también la materia orgánica
presente. Al perderse este material fino puede provocar
el bloqueo de los poros del suelo, sellándolo
y formando una capa impermeable que no permite la correcta
penetración del agua. A su vez cuando se seca
esta capa no permite la germinación de las semillas.
Por último restaría decir que se debe
planificar correctamente la adición de fertilizantes
a suelos sometidos a erosión, ya que el viento
los puede eliminar y colocarlos en lugares donde podrían
originar procesos de contaminación.
- La minería a cielo
abierto es otra de las actividades que remueve
las capas superficiales del suelo favoreciendo la acción
de los agentes erosivos. En este caso puntual los lugares
afectados por la producción como ser la cantera,
sumado a las instalaciones necesarias para su funcionamiento
(rutas, viviendas, entre otras) son alteradas de tal
manera que en la mayoría de los casos es muy
difícil volver a las condiciones ambientales
originales. Para tratar de reducir estos efectos negativos,
es imprescindible acortar la duración de las
tareas en una zona determinada.
Cuando estas actividades son realizadas en lugares donde
el clima no es el ideal, con suelos frágiles,
sumado a técnicas obsoletas de producción
y a la presión demográfica, que implica
la expansión continua de la frontera agrícola,
el efecto de la erosión se torna casi insostenible
llevándolo a generar el proceso de "desertización".
Básicamente este fenómeno genera la degradación
de los suelos en zonas áridas y semiáridas
por la acción de factores geológicos,
climáticos, biológicos y humanos, que
provoca que una zona fértil se convierta en un
desierto, poniendo en peligro la biodiversidad y la
supervivencia de las comunidades humanas.
Otra cualidad que el hombre utiliza de los suelos es
su capacidad de reservorio de contaminantes. El ejemplo
más evidente se encuentra en las ciudades modernas,
donde los residuos urbanos son depositados sobre él,
en lugares a cielo abierto o en rellenos sanitarios.
Aquí podemos encontrar una gran variedad de materiales
desechados como residuos fermentables (materia orgánica),
papel, cartón, vidrio, cenizas, metales, plásticos,
entre otros. Estos productos pueden provocar serios
efectos de contaminación sobre el ambiente disminuyendo
el valor de los suelos y la calidad de los recursos.
Las industrias también son responsables de la
contaminación de suelos. Dependiendo de su actividad
pueden emitir una gran variedad de residuos tóxicos
o peligrosos para el ambiente, como: hidrocarburos,
aceites, sustancias corrosivas, nitratos, cianuros,
sulfuros, fenoles, entre otros.
Hay que mencionar a los residuos radiactivos que en
muchos casos su peligrosidad amerita cuidados especiales.
Los residuos de centrales nucleares y de las actividades
civiles que utilizan combustibles radiactivos (medicina
nuclear), no siempre encuentran lugares seguros para
su disposición, estos terrenos sufren las consecuencias
de las emisiones radiactivas, eliminando todo organismo
asociado al suelo e imposibilitando su aprovechamiento
para actividades productivas y en muchos casos contaminando
aguas subterráneas y generando serios problemas
de salud a las poblaciones circundantes.

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